Aspectos a tener en cuenta en tratamientos faciales

Durante el abordaje de un paciente con el objetivo de llevar a cabo un tratamiento facial integral, será necesaria la elaboración de un programa o protocolo constituido por la mayor cantidad de recursos terapéuticos que pueda utilizar el profesional para combatir la sintomatología correspondiente.

El vertiginoso avance de la medicina nos permite contar con numerosas variables tecnológicas para el mejoramiento de la belleza del rostro. Entre ellas, podemos mencionar los diferentes agentes electrofísicos, la microdermoabrasión, distintos tipos de peelings químicos, hilos tensores, rellenos faciales, etc. Cada uno de ellos representan herramientas importantes con las que cuentan en la actualidad los profesionales de la estética para desarrollar sus tratamientos.

 

Pero a la hora de realizar un tratamiento a nivel facial son numerosos los factores a tener en cuenta para alcanzar el éxito terapéutico, estando representado el principal de ellos por un extenso conocimiento de la zona que será abordada. Este es precisamente el objetivo del presente artículo.

Inervación facial

El músculo masetero, inervado por el nervio que lleva el mismo nombre, como así también el temporal, inervados por el trigémino, son los únicos músculos que no son inervados por el gran nervio facial, el cual presta inervación a todos los músculos de la expresión facial, dando movimiento a los labios, alas de la nariz, mejillas, piel del mentón, etc.

El nervio facial, por su parte, en el interior de la glándula parótida se divide en dos ramas principales que se bifurcan y se subdividen produciendo una red nerviosa llamada plexo parotídeo.

Hacia arriba se dirige el ramo témporo-facial, del cual se desprenden las siguientes ramas:

– Zigomática.
– Témporo-frontal.

– Hacia abajo se dirige el ramo Cervico-facial, del cual se desprenden las siguientes ramas:
– Mandibular
– Bucal
– Cervical

Irrigación facial

Está determinada principalmente por la arteria carótida externa, la que luego de su bifurcación origina una innumerable cantidad de ramas que toman el nombre de la región por la que atraviesan. Así, es posible encontrar las arterias facial, occipital, maxilar, temporal, auricular, etc., las cuales se subdividen a su vez en numerosas arterias y arteriolas.
El retorno venoso, por su parte, es dirigido hacia las venas yugulares interna y externa.

Músculos faciales

Los principales músculos de la cara son:

– Frontal: Eleva las cejas en el típico gesto de asombro.
– Orbicular de los párpados: La flaccidez de este músculo provoca caída de las cejas, sensación de ojos más chicos y párpados resbaladizos.
– Depresor del entrecejo: Responsable de la expresión de enojo (arruga del entrecejo).
– Piramidal de la nariz: Su contracción “arruga” la nariz.
– Elevador común de la nariz y el labio superior: Causa la arruga nasolabial por contracción o flaccidez.
– Transverso de la nariz
– Elevador propio del labio superior
– Cigomático mayor y menor: Dan el aspecto de alegría.
– Canino
– Orbicular de los labios: Produce el cierre de la boca.
– Risorio de Santorini: Lleva la comisura de la boca hacia fuera y arriba.
– Bucinador: Es el músculo que aumenta la presión interna de la cavidad bucal para la masticación, silbar, etc pero no forma parte de los músculos de la risa.
– Cuadrado del mentón
– Borla del mentón
– Triangular de los labios: Depresor de la comisura. Gesto de la tristeza.
– Masetero: Músculo encargado de la tensión de la mejilla (parte lateral).
– Temporal: Eleva el maxilar inferior. Su flaccidez provoca caída de los contornos laterales de la cara.

La piel del rostro

La piel recubre todo el cuerpo y se continúa con las mucosas del aparato digestivo, respiratorio y urogenital. Se presenta con características distintas en las diferentes regiones: fina, translúcida y plegable en algunas zonas, espesa y dura en otras. Estas variaciones dependen de las situaciones de movilidad, roce y presión de acuerdo a su ubicación. La piel en el hombre es más espesa que en la mujer, pero ésta posee un panículo adiposo más desarrollado. La piel soporta además del peso atmosférico, agresiones mecánicas de distinta naturaleza por la especial resistencia de la células queratinizadas, por sus fibras elásticas y por el tejido adiposo subcutáneo. La respuesta de la piel a estos roces de distinta naturaleza se manifiesta, por ejemplo, mediante el espesamiento de la superficie cutánea. A nivel facial, una consideración más que importante está representada por el hecho que la piel de los párpados es más fina que la del resto del rostro.

La función secretora de la piel está ligada a la secreción sebácea y sudorípara. La respuesta de las glándulas a los distintos estímulos no es uniforme. Las glándulas sebáceas de la cabeza se hallan en el cuero cabelludo y en la cara en nariz, frente, mentón, área retroauricular y conducto auditivo externo, en donde secretan el sebo (gotitas de lípidos y restos celulares); todas estas zonas son denominadas seborreicas.

Las glándulas sudoríparas son las más numerosas y se distribuyen de manera más uniforme en la cabeza, con un porcentaje de entre 150 y 350 por centímetro cuadrado. El olor de la piel es producido por los ácidos grasos libres de la secreción sebácea y por la descomposición bacteriana del sudor.
La piel se comporta entonces como un inmenso sistema glandular en el que la queratina y el sebo constituyen las secreciones de la epidermis y las glándulas sebáceas, respectivamente.

Formación de surcos y arrugas

Las arrugas de la cara se manifiestan en la frente, en los párpados superiores e inferiores, en la glabela, ángulo externo de los ojos, pliegues nasolabiales, mejillas deprimidas, doble mentón, etc.
Las pequeñas arrugas se localizan mejor en las líneas peribucales, periorbitales, nasolabiales y glabelares.
Las arrugas de la piel facial constituyen un proceso de envejecimiento. La piel va paulatinamente sobrando sobre el cráneo y así se van delimitando zonas más débiles que alternando con otras más firmes y al quedar adheridas por áreas llegan a delinear surcos más o menos profundos. En las zonas más laxas, la piel no sólo sobra sino que desborda y cae, como por ejemplo a nivel de los transversales en la frente y las bolsas de los párpados inferiores, existiendo alteraciones del conectivo y las fibras elásticas. De este modo también los músculos subyacentes predominan en su acción determinando depresiones y repliegues al tensionar los tejidos.

Una permanente exposición al sol favorece también la aparición de arrugas debido a que los rayos UVA y UVB producen hiperqueratinización y envejecimiento cutáneo precoz, lo que sumado a la acción muscular propia de cerrar los ojos acentúa aun más las arrugas a este nivel.

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